¿Dónde comienza el proceso creativo?

21.09.2026

"El proceso comienza antes de que comience el proceso."

Las ideas se siembran en nuestra imaginación a través de las relaciones con nuestros yoes del pasado: las curiosidades de nuestro niño interior entrelazadas con un adulto con prisa por ganarse la vida. Entonces el color, el sonido, el movimiento, la textura y las imágenes aparecen en medio, vistiendo la vida como un proceso artístico vivo.

El arte nace de las relaciones, por lo tanto, un "proceso" siempre involucra algo o alguien más allá de uno mismo.

Una idea se moldea a través del juego. Como la arcilla en las manos, cuanto más se habla, más se entra en contacto con ella, más fácil es moverla y reformarla. Puedo tomar acción sobre mis procesos, y también puedo dejarlos reposar y vivir de manera no estructurada a lo largo de mis días, entonces todo los nutre sin esfuerzo alguno. Al escribir esto, puedo identificar los componentes de mis procesos artísticos contenidos en dos categorías.

A) Consciente (proceso activo): las siguientes acciones no necesariamente ocurren en un orden específico, pero se nutren entre sí en un ciclo interminable. A veces comienzo con palabras, tras con movimiento, o una imagen o un sonido: abrazando los impulsos, las intuiciones tal como llegan.

- Palabras: las palabras son un componente importante de mis procesos coreográficos. Escribo alrededor de los bordes del concepto, haciendo lluvia de ideas sobre todas sus posibilidades. Palabras en las canciones que escucho y en las que canto. En los cuadernos y en las notas del teléfono. En las conversaciones que mantengo para tratar de descubrir más capas del concepto o idea que empieza a brotar. Muchas veces, antes de bailar, pienso.

- Improvisación de danza/movimiento: dejar que el movimiento explore libremente trae a la superficie sensaciones que mi mente consciente no habría pensado, y da vida al movimiento. El trabajo subconsciente que se había investigado encuentra su lugar en el cuerpo, en la forma en el espacio. Encarnar en contacto entre movimiento y emoción, involucrando gestos, tiempo y pausa. Muchas veces, antes de pensar, bailo.

- Imágenes: las metáforas rodean mis días. Cosas que parecen algo que no son —la realidad escapando en las sombras de un árbol de limones que me recuerda a la figura de mí abuelo. Las imágenes contienen profundidad más allá de la imagen misma: evocan memoria. La memoria está entrelazada con la humanidad, resuena, hace latir el corazón y surgir lágrimas. La vida se compone de imágenes, abrimos los ojos a un nuevo día y vemos similitudes con todo lo que hemos vivido. Entonces sabemos que estamos vivos —o soñando—. Las imágenes tienen un lugar especial en mi proceso, son brújulas.

- Conversaciones: esto podría mezclarse con palabras, pero se trata más de relaciones. Poner las ideas o conceptos en contacto con el mundo. Dejar esporas. Generalmente no estamos solos en nuestros miedos ni en nuestras alegrías. Compartir dónde estoy con personas en quienes confío me permite ampliar los panoramas que mi yo limitado no alcanzaría sin el apoyo de perspectivas desafiantes e ideas colaborativas. Pero sí tengo en cuenta con quién comparto, porque sé que mi corazón puede ser frágil, y que si se golpea de la manera equivocada, el proceso, por más que haya avanzado, puede desmoronarse —lo cual, a veces, es otra parte del proceso: cohabitar con la frustración ante el fracaso.

- Trabajar con otros en el espacio: Para mí, la parte más disfrutable es aprender explorando movimiento y proceso con otros humanos en el espacio. He descubierto que enfrentarme a un estudio vacío puede congelarme. Sin duda los procesos artísticos están hechos para ser compartidos. Esta es la parte más mágica de mi proceso siempre que hago coreografía, el reloj se fusiona con el infinito y la alegría de estar presente con lo que está ocurriendo en el estudio sobrepasa mis muchas posibles dudas. Un ángel (presencia invisible, inspiración, musa, Dios, como se le quiera llamar) me acompaña en estos ensayos y me permite ver lo que no vería por mí mismo: me ayuda a confiar.

B) Subconsciente (proceso pasivo): este es el espacio silencioso que subyace a cada una de las acciones del proceso activo mencionadas anteriormente. El espacio de la sincronicidad donde aparece la música perfecta; donde los colores se vuelven más claros; donde las palabras pueden verse bajo el agua tranquila de un corazón estable. El espacio donde puedo permitir que los artistas en el estudio encuentren su propia voz para aportar subtexto a la pieza.

"El proceso comienza antes de que yo siquiera sea consciente de él." Entonces el proceso se superpone con los días, el subconsciente de mis caminatas impulsa una inspiración que lo mueve hacia adelante. Conversaciones con amigos queridos que resuenan con las ideas o las confrontan, entonces la idea se extiende dentro de sus grietas, se vuelve más grande que yo, se siente como trenzar comunidad.

- Dar la bienvenida a lo desconocido: cuando comencé como coreógrafo solía tener todo "resuelto" antes de montar la pieza, cada paso, cada detalle de la música —y, como una lección de desapego, ¡nunca funcionaba como yo quería! —. En el momento en que las ideas convergían con otras y no funcionaban, surgía la frustración y mi imaginación congelada olvidaba la relación con los bailarines y mi resiliencia como director.

- Practicar la resiliencia: practicar el fracaso, abrazar el fracaso. No forzar ideas si no pueden suceder con las herramientas disponibles. Avanzar al siguiente paso, siguiente prueba, siguiente oportunidad —estar presente en cada una de ellas. Reírse de todo.

¡Hoy en día suelo decir con mi equipo —¡Aquí estamos, jugando a los productores! Para mí, cada proceso siempre comienza de manera diferente, pero de cierta forma continua.

Similar a la vida, cada capítulo de un proceso no niega al anterior, sino que aprende de él. Un proyecto tras otro: bloques que se apilan en el camino. Ayudándome a entender mejor qué fue lo que me impulsó a convertirme en artista. Pero solo puedo ver eso cuando me siento a reflexionar.

- Reflexión: tiempo para el cierre y la digestión. ¿Cuántas veces corremos de un ensayo a otro, de proyecto en proyecto, sin sentarnos a darnos cuenta de lo que ocurrió en cada día, en cada logro y en cada fracaso, aprendiendo de los detalles? ¿Mirar a los ojos a los compañeros y notar las diferencias desde el momento en que nos conocimos hasta el momento en que nos despedimos? ¿Somos los mismos antes y después?

¿Podemos reconocer estos cambios?

- Cierre y resonancia: ¿hay algo moviéndose dentro de los bailarines? ¿Dentro de mí? ¿Qué está funcionando? ¿Qué no está funcionando y qué nos está enseñando eso? ¿Qué se siente bien hacer? ¿Qué curiosidades están pidiendo atención? ¿Esto está resonando dentro del grupo? ¿La obra se relaciona con el proceso vital de los artistas?, ¿está nutriendo a los artistas involucrados más allá del estudio?

Necesito tiempo para sentir ese crecimiento, para sentarme con el duelo del cierre.

- El duelo del cierre: El arte está marcado por su duelo. Pero muchas veces no lo nombramos. Lloro a quien fui; lo que aprendí; cuánto amé; cuánta vida me perdí por estar en el estudio; cuánta vida gané por estar en el estudio. Lloro por el dolor de mi cuerpo que duele más cada año. Y por los sueños que siguen pareciendo lejanos, aunque estén cerca, el camino construido por el proceso me está llevando a algún lugar, pero la niebla del capitalismo obstruye la presencia en cada paso. ¿El proceso implica duelo, cada cuanto nos atrevemos a abrazarlo? Con este duelo termino estos pensamientos. Podría seguir dando vueltas por horas, pero hoy quiero sentarme con este duelo. Me quedaré con el proceso posterior a la escritura que trae cierta claridad y una nube cúmulo de nuevas preguntas.

Gracias por reflexionar sobre tus propios procesos mientras leías. Que tu camino siga construyéndose en los cimientos de tus duelos.